Resulta que el día de Acción de Gracias comenzó hace siglos atrás como una festividad religiosa. Los primeros gringos le daban gracias a dios por las cosas buenas y lo disculpaban por las malas. Con el paso del tiempo y las ganas de festejar de los que no creían en dios, se empezó a decir que se les daba gracias a los indios que los ayudaron a soportar los primeros tiempos de hambruna y escasez. Se pintó todo de bondad agnóstica. Luego, los productores de pavo instauraron la tradición de que para Thanksgiving había que comer pavo, porque esa era la costumbre de los colonizadores, etc, etc, etc. El asunto es que se consumen cerca de 80 millones de pavos, muertos, ese día. Incluso se le llama Bird-day.
Lo importante es que a nosotros nos tocó el Tanksgiving como una fiesta en la que se invita a los que se quiere. Y la familia de Jon nos invitó.
Hoy día nos llegaron estas fotos. Había un pavo muerto y asado para casi 20 pajarracos vivos y hambrientos. Era poco al ojo mío. Pero se me había olvidado que Jon y su familia son malos para la carne. Son casi vegetarianos. Y había un monton de distintas cosas con base a pasto. Manzanas asadas con almendras, yuca asada con almendras, pure de zapallo, de papa, de otra planta. Al final quedé bien llenito, livianito y con la conciencia tranquila de que comí sanito.
El Pancho comió pavo y pan. El Javier comió harto y de todo. Después se quejó de que no le gustó. La Marce estaba en su salsa con tanta planta. Felizcota.
Luego el Jimmy, que está rallando la papa con Violeta Parra, tocó Gracias a la Vida en su teclado. Más encima Darcy canto "Sangría", compuesta por el mismo talentoso Jimmy. La mamá de Darcy y Jon tocó la armónica mientras cantaban todos en patota.
Después del canturreo y los postres, Javierito y Francisquito se pusieron a luchar en el suelo. Todavía me llama la atención cómo se enternecen los gringos cuando ven a dos niños jugar. Y estos dos simplemente lo estaban pasando bien, cagados de la risa y, milagro, no se picaron.
El matrimonio de Lindolfo y Alma llevó una máquina de karaoke. ¡Que huevá más entretenida! Al comienzo casi no me atrevía. Luego había que quitarme el micrófono a palos. Me mandé una de Facundo Cabral... ♪ No soy de aquí, ni soy de allá♪ que sacó aplausos hasta de mí mismo. La Marcela tampoco resistió la tentación y cantamos (cantakaraoekeamos) en parejita. Super buen afrodisiaco. Ya les contaré luego.
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