He andado super lleno de pega. La firme es que siempre he andado lleno de pega o me las arreglo para llenarme de pega. Tengo la enfermedad de que si no estoy lleno de pega siento que estoy desaprovechando mi tiempo. Entonces, siempre estoy lleno de pega. Pero ahora último era peor. Ahora último había andado super lleno de pega. Y la diferencia entre lleno de pega y super lleno de pega es una super diferencia.
Estaba trabajando entre 12 a 14 horas diarias. Cuando me tocaba trabajar en Lowell, trabajaba 14. Cuando me tocaba en Hopkinton trabajaba 12 porque me tocaba manejar una hora de ida y otra de vuelta. Lo terrible es cuando uno trabaja tanto y siente que no le rinde. Ya llevaba dos semanas con que no podía arreglar los calcetines, no tenía tiempos para buscarles el compañero y dejar aparte los calcetines huachos. Pero hoy día todo cambió.
El cambio comenzó como una voz que venía desde la oficina de Bárbara, ayer en Hopkinton: "Hey, el pronóstico del tiempo dice que va a haber una intensa nevazón mañana jueves desde las dos de la tarde". Entonces yo caché altiro que no podía ir a Hopkinton hoy día y avisé que no iba a ir, con la esperanza de tomarme la mañana para poder avanzar en preparar la clase de hoy en la noche. Así es que ayer me acosté temprano, porque lo que tenía preparado para anoche lo iba a poder hacer hoy día. Y hoy día me entero que no necesito preparar la clase porque se suspendió toda actividad en la U después de las cuatro de la tarde.
Me quedé con un espacio vacío. Tampoco puedo salir, es peligroso con tanta nieve. Así que tampoco hay gimnasio. Si me pongo a planear qué hacer, me da flojera. Es empezar una nueva faena. Los chicos están aquí, me cuesta concentrarme. No estoy trabajando. Ya sé que tengo hartas huevás por hacer, pero ahora mismo no estoy trabajando. Tengo que preparar mi CV para una pp (probable pega), tengo que terminar una carta para otra pp, tengo que terminar de revisar un artículo para la Revista Norteamericana de Medicina Industrial, tengo que preparar dos presentaciones para una conferencia en Washington DC acerca de salud, stress y trabajo. Tengo que preparar una pequeña nota para el curso acerca de enfermedades mentales y trabajo (que dictaría el próximo semestre). Tengo que avanzar en el paper acerca del impacto de outsourcing en las mediciones de enfermedades profesionales y accidentes del trabajo... Además, tengo que hacer mi pega de todos los días.
La nieve me volvió loco. Me dejó con demencia trabajil. Me hizo olvidar por un rato que, aunque ya no trabajo como médico, sigo teniendo sala de espera. En vez de pacientes, en mi sala de espera actual hay actividades que si no las hago yo, nadie las va a hacer. Y van a ser olvidadas y van a quedar no nacidas.
Lo que pasa es que es muy diferente pasar de terminar lo planeado (vaciar la sala de esperar) a prepararme para atender los otros pacientes. Y mientras escribo esto, ya le voy tomando el pulso a la nueva composición de la sala de espera y voy cachando la magnitud de la ilusión que viví.
Esto fue un respirito. Sólo un respirito.
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